
Nos odiamos sin razón ni medida, su mirada era fuego, la mía, herida. Cuatro años de guerras sin paz, palabras cortantes, silencios de más. El era arrogante, cruel, encantador, yo, indomable, con miedo al amor. Pero entre hechizos y noches sin fin, algo cambió... y empezó por mí. Ya no eran duelos, eran miradas, manos rozando, almas entrelazadas. Y aunque el mundo ardía en destrucción, lo nuestro fue magia... y maldición.All Rights Reserved