Flavio Uriarte (19) fue criado para matar, no para amar. Frío, reservado y calculador, es el heredero de una de las familias mafiosas más temidas del país. Desde que se atrevió a vivir abiertamente como gay dentro del violento mundo de los Uriarte, su existencia se volvió una batalla silenciosa: contra su padre, contra su legado... y contra sí mismo.
Sebastián Montenegro (20) es fuego. Mujeriego, provocador, impulsivo. El hijo mayor de la familia Montenegro -enemigos jurados de los Uriarte-, creció rodeado de excesos, armas y mentiras. Nunca ha amado a nadie más que a sí mismo. Hasta que lo conoce a él.
Un pacto forzado une a las dos familias en un terreno neutral, con Flavio y Sebastián como representantes. Lo que debía ser solo una tregua política se convierte en algo peligroso, visceral... inevitable. Una mirada, una amenaza, un roce... y el deseo irrumpe como un disparo mal dirigido.
En un mundo donde las balas son más comunes que las caricias, el amor entre ellos es un crimen que se paga con sangre.
Y aún así, se buscan. Se odian. Se desean.
Mientras las calles se tiñen de rojo, traiciones se cocinan en la sombra y los cadáveres se apilan como rosas negras sobre tumbas frescas, Flavio y Sebastián se sumergen en un juego de poder, pasión y destrucción. Sexo sucio entre paredes llenas de secretos. Susurros al borde de la muerte. Piel contra piel en habitaciones donde el peligro respira con ellos.
Pero en la mafia, nada es eterno. Ni el amor.
Y cuando llegue el momento de elegir entre el deber o el deseo, entre el gatillo o la piel del otro, solo quedará una cosa clara:
Nadie sale vivo del infierno con flores en las manos.
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