A veces creemos tener la vida planeada. Armando tiene claro su camino: entrenar, jugar, mejorar, concentrarse. Su mundo gira alrededor del fĂștbol, de los estadios llenos y de la presiĂłn de ser el goleador de Club Deportivo Guadalajara. Es reservado, tĂmido y prefiere mantenerse lejos de todo lo que no tenga que ver con su carrera. Camila HernĂĄndez, en cambio, vive una realidad completamente distinta. Tiene veinte años, estudia Diseño y trabaja en una pequeña cafeterĂa para ayudar en casa y pagar sus estudios. Entre clases, turnos largos, dulces que vende en la universidad y postres que prepara por encargo, su vida es un constante ir y venir... pero siempre con una sonrisa en el rostro. Camila es luz, es risa, es espontaneidad. Le gusta salir, conocer gente nueva y disfrutar cada pequeño momento que la vida le regala. Y hay algo mĂĄs: Camila no sabe absolutamente nada de fĂștbol. Ni de ligas. Ni de equipos. Ni de jugadores famosos. Por eso, cuando un dĂa cualquiera un chico tĂmido entra a la cafeterĂa donde trabaja, ella lo atiende como a cualquier otro cliente. Sin nervios. Sin emociĂłn. Sin reconocerlo. Para Armando, acostumbrado a las miradas, los susurros y las fotos, eso resulta... extraño. Pero tambiĂ©n se siente bien. Lo que comienza como un cafĂ© mĂĄs en un dĂa cualquiera, pronto se convertirĂĄ en una serie de encuentros, conversaciones inesperadas y sonrisas que aparecen sin avisar. Porque a veces el corazĂłn no pregunta. No planea. No avisa. Simplemente encuentra a la persona correcta... en el momento mĂĄs inesperado.
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