La última vez que Izara Fitz-Amobi había pisado Little Kilton, su hermana pequeña apenas tenía trece años. Cinco años después, regresaba convertida en una profesional que dedicaba sus días a estudiar asesinos, criminales y escenas del crimen. Había pasado tanto tiempo lejos que el pueblo parecía más pequeño de lo que recordaba. La llamada de su madre había sido suficiente para hacerla volver. Pip no estaba bien. El juicio por el caso Andie Bell había consumido gran parte de la vida de su hermana, y ahora la desaparición de Jamie Reynolds amenazaba con arrastrarla nuevamente hacia una investigación peligrosa. Izara se prometió que esta vez sería diferente. Pip no tendría que cargar sola con el peso de descubrir la verdad. Mientras el tren avanzaba hacia Little Kilton, observó la lluvia golpear la ventana y repasó mentalmente los pocos datos que conocía del caso. Un adolescente desaparecido. Demasiadas contradicciones. Demasiadas personas ocultando algo. Y si había una cosa que Izara había aprendido trabajando con criminales, era que las personas siempre dejaban huellas. Incluso cuando creían haberlas borrado. Lo que todavía no sabía era que su regreso la pondría frente a dos problemas completamente distintos. Un sospechoso llamado Max Hastings. Y un policía llamado Daniel Da Silva.
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