Nos conocimos un verano, uno de esos que se graban en el alma.
El sol brillaba distinto,el tiempo parecía detenerse cuando él estaba cerca. Recuerdo su risa,cómo sonaba como una canción que no quería dejar de escuchar. Caminábamos por la playa al atardecer, con la brisa jugando con su cabello y el mar reflejando el cielo naranja. Cada conversación era ligera pero profunda, como si nuestras almas ya se conocieran de antes.
Ese verano fue inolvidable para mí… y tengo la sensación de que también lo fue para él. Lo veía en su mirada, en la forma en que me tomaba la mano sin decir nada, como si todo lo que sentía estuviera en ese simple gesto.
Pero no todos los veranos duran para siempre.
Él se fue.
No por decisión propia, sino por esas cosas de la vida que uno nunca entiende del todo. Desde entonces, han pasado varios veranos… veranos sin él. Las olas siguen rompiendo en la orilla, el sol aún calienta la arena, pero algo falta. O mejor dicho… alguien.
Y justo cuando pensaba que el recuerdo era todo lo que me quedaba, él volvió.
Volvió un verano más, como si el tiempo hubiese decidido darnos una segunda oportunidad. No fue como antes… fue mejor. Porque ahora sabíamos lo que era estar sin el otro. Nos reencontramos bajo ese mismo cielo azul, en el mismo lugar donde todo comenzó.
Y entonces empezaron a pasar cosas lindas.
Nos volvimos a mirar como aquella primera vez.
Caminamos otra vez por la playa, esta vez sin prisa.
Nos reímos de cosas tontas, cocinamos juntos, bailamos bajo la lluvia una noche en que todo parecía mágico. Él me miraba como si hubiese estado esperándome todo ese tiempo. Me abrazaba fuerte, como quien encuentra su hogar.
Esa vez,no hablamos de futuros lejanos.Hablamos del hoy,del ahora.
Y fue hermoso.
Porque cuando el amor es verdadero, ni el tiempo ni la distancia pueden borrarlo.
Así fue… ese verano, el primero, me enseñó a amar.
Y este último… me enseñó que los milagros existen.
holiii,espero les gusteeeeeeee tanto como a mi
❤️M.PRADA❤️
París no suena igual desde que él llegó.
Los motores rugen como bestias enjauladas bajo la lluvia, rompiendo la calma de la ciudad más romántica del mundo. El asfalto quema. Las luces de neón se reflejan en los charcos, y los paparazzi hacen guardia como lobos hambrientos frente a cada hotel de lujo, cada bar escondido, cada sombra que podría ser él.
Jeon Jungkook. Campeón de automovilismo, arrogante, temido, hermoso en la forma en que lo son las tormentas eléctricas.
Kim Taehyung. Modelo codiciado en las pasarelas más exclusivas de Europa, rostro de campañas millonarias, elegante, intocable, y una belleza que no pedía atención, la exigía.
No deberían haberse conocido.
Y sin embargo, el universo decidió que se miraran.
Solo una mirada.
Un segundo.
Un latido más rápido.
Y desde entonces, nada volvió a frenar.