Imagina despertar cada día preguntándote si lo que ves es real...
Y que un día, entre visiones y delirios, la sangre de tu propio padre manche tus manos.
Christine, una joven estudiante de filosofía, lo tenía todo: sueños, futuro, libertad.
Hasta que su mente se quebró. Hasta que su familia, harta del miedo, la encerró donde nadie pudiera verla: Oubliette, un manicomio perdido en el corazón del bosque.
Un lugar que no figura en los mapas. Un agujero donde las mentes rotas son olvidadas.
Allí, los pacientes caminan como sombras, las pastillas no curan, apagan. Y detrás de los muros húmedos, algo más oscuro y silencioso se mueve, eligiendo cuidadosamente a algunos de ellos.
Pero entre las sombras aparece Alex, el paciente de la habitación 217. Violento, reservado, vigilado como si fuera más peligroso que los demás... pero la única persona que ve a Christine como algo más que un número.
Juntos descubrirán que lo más aterrador no está en sus mentes, sino en los que controlan Oubliette.
Y que escapar no solo significa salir del hospital, sino sobrevivir a quienes creen que pueden jugar con la mente humana como si fuera un experimento sin fin.
En este juego de locura, ¿serán capaces de encontrar la salida antes de que los conviertan en algo irreconocible?
¿O la oscuridad que llevan dentro terminará por consumirlos del todo?
Jade Steele está decidida a empezar de nuevo. Deja atrás su antiguo empleo y una etapa de su vida que prefiere no remover, convencida de que un cambio es justo lo que necesita.
Su nuevo trabajo parece perfecto... hasta que descubre que estará involucrada con una banda en ascenso. Lo que Jade no esperaba era que ese entorno removiera más de lo que estaba preparada para enfrentar.
Entre agendas exigentes, dinámicas intensas y un pasado que insiste en hacerse presente, Jade deberá adaptarse a una realidad que pone a prueba su distancia emocional y sus propias reglas.
A veces, comenzar de nuevo no significa escapar, sino aprender a quedarse.