Solo eran dos reglas: sexo sin compromiso y nada de sentimientos. Se suponía que era simple, adictivo, controlado. Hasta que las miradas empezaron a durar demasiado, los celos se volvieron peligrosos y las únicas caras que les quedaban por perder... eran las suyas propias. ¿Qué pasa cuando el juego más ardiente se convierte en la única verdad que no puedes admitir? •Contenido explícito •Historia propia.
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