Fina siempre creyó en el amor de una forma casi dolorosa. Desde pequeña soñaba con un vestido blanco, con una vida tranquila junto a alguien que la eligiera sin dudas, sin miedo. Pero los años pasaron, sus amigas comenzaron a casarse una tras otra y ella terminó quedándose atrás, observando cómo los sueños ajenos se cumplían mientras el suyo parecía desvanecerse lentamente. Por eso aceptó el turno nocturno en el antiguo Hospital Santa Irene. Porque las noches eran más fáciles de soportar cuando una estaba demasiado cansada para pensar. El hospital llevaba décadas en pie y tenía una fama extraña entre los trabajadores: luces que parpadeaban solas, relojes detenidos a la misma hora, habitaciones vacías donde a veces se escuchaban voces suaves durante la madrugada. La habitación 302 era una de ellas. Nadie permanecía mucho tiempo asignado allí. Decían que traía mala suerte. Que algo no estaba bien en ese lugar. Pero una noche Fina abrió la puerta... y la vio. Marta de la Reina. Una mujer de mirada azul imposible, vestida con una delicadeza anticuada, como salida de otra época. Demasiado elegante para aquel hospital moderno. Demasiado serena para alguien supuestamente enferma. Marta no parecía sorprendida de verla. Como si hubiese estado esperándola. Desde entonces, cada madrugada Fina vuelve a la 302 sin comprender por qué siente que el tiempo cambia apenas cruza esa puerta. Los relojes dejan de avanzar. El sonido del hospital desaparece. Y Marta le habla de lugares, canciones y recuerdos de una España que ya no existe. Poco a poco, Fina empieza a descubrir la verdad imposible: la paciente 302 no pertenece a su tiempo.
More details