El final de la Cuarta Guerra Ninja debió traer paz.
Debió cerrar heridas, unir caminos, terminar rivalidades.
Pero ni el Uchiha ni el Uzumaki estaban destinados a un final sencillo.
Sus ideologías chocaron como dos mundos incompatibles, y en su último enfrentamiento -cuando volcaron todo su poder en un solo ataque- el tiempo mismo decidió intervenir.
La explosión no solo arrancó sus brazos...
Rasgó el tejido de la realidad.
Un vacío imposible se abrió bajo sus pies, arrastrando a ambos y, segundos después, al resto del Equipo 7 que saltó para rescatarlos.
Y así, en medio del resplandor blanco, sus destinos fueron arrancados del camino que conocían.
Cuando recuperaron la conciencia, lo imposible se reveló:
No estaban muertos.
No estaban en el futuro.
No estaban ni siquiera en SU historia.
Estaban en una Konoha más joven, más frágil, más herida.
Una Konoha que no recordaba haberlos visto crecer.
Una Konoha donde los muertos aún vivían...
...y donde los héroes aún no habían nacido.
¿Pero lo más desconcertante?
En lo alto de las murallas, Minato Namikaze -vivo, respirando, combatiendo- luchaba a lado de Itachi Uchiha, quienes enfrentaban juntos a un escuadrón de ninjas de la Nube.
Algo había salido terriblemente mal.
O quizás...
Algo, o alguien, quería cambiar la historia.
Y ahora, atrapados en una línea temporal alterna, los seis ninjas deberán enfrentarse a la pregunta que nunca imaginaron:
¿Son viajeros...
...o intrusos en su propio pasado?
Daia Bridgerton era una joven doncella encantadora, era perfecta, su único defecto fue ser la otra D, vivió bajo la sombra de Daphne todas su vida, tanto que en su debut haría lo posible por destacar más que daphne, consiguiendolo todo por cuenta propia y no por ser hermana de la duquesa.