Cuando el cielo se abre como una herida en el mundo, Inara, una chica de 17 años, cae desde su realidad hacia un bosque que nunca ha conocido la luz. Allí la espera Ino, una mujer de un solo ojo, con voz dulce y palabras suaves, que le ofrece refugio en una casa solitaria donde no hay ventanas... o al menos, no al principio.
Inara acepta. No porque confíe, sino porque todo lo demás parece peor.
Dentro de la casa, el tiempo se distorsiona, los pasillos se alargan infinitamente, y los objetos tienen memoria. Afuera, solo hay montañas. Nada más. Nadie más. Solo la casa... y ojos flotantes que miran desde la niebla.
Pero Ino no es quien aparenta ser. No del todo.
Ella cuida a Inara. La llama "mi niña". Le prepara la cama, le ofrece cena, le canta poemas que parecen salidos de una pesadilla suave. Pero poco a poco, el lenguaje de Ino revela algo más profundo:
Una obsesión.
Una hambre.
Una promesa de amor eterno que no termina en palabras... sino en carne.
Inara empieza a sospechar que esa casa no es un hogar.
Es una trampa viva.
Y que Ino no la está cuidando.
La está preparando.
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