En una ciudad demasiado ordenada, gris y silenciosa, donde la apatía adolescente se vuelve un eco constante, cinco estudiantes fundan "La Sociedad de los Gestos Vacíos" como un juego privado e irreverente contra la apatía y el absurdo como para ser real. Cada semana, se reúnen para escribir ideas ridículas -y catárticas- sobre cómo destruir su entorno: teñir el río de tinta, apagar las luces del instituto, borrar las señales del metro. Solo que, muy pronto, esas ideas empiezan a cumplirse.
Guiados por Nahia, una narradora que duda de sí misma tanto como del mundo que la rodea, el grupo descubre que el "manual" donde anotan sus delirios parece tener vida propia. O quizá es peor: tal vez ya no son dueños de sus actos. O están perdiendo el control. O la memoria. O el sentido.
Entre páginas arrancadas, símbolos que nadie recuerda haber dibujado y amistades que se vuelven espejos rotos, el grupo se resquebraja, mientras la ciudad -y ellos mismos- se deshacen palabra por palabra.
Y cuando alguien escribe "Borrar todo lo que fuimos", no saben si es una metáfora... o una advertencia. O el principio del fin.
¿Y si no están escribiendo el manual, sino siendo escritos por él?
Una historia sobre la culpa compartida, los rituales adolescentes, y esa línea finísima entre lo que pensamos... y lo que hacemos realidad.
Con un tono existencial, irónico y poético, esta novela es un manifiesto fragmentado sobre lo que ocurre cuando el juego se transforma en amenaza.
O cuando siempre lo fue.
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