
Todavía recuerdo ese maldito día... ¿Cómo podría olvidarlo? Lo vi reducido a una sombra de lo que fue, consumido por una desesperanza que helaba los huesos. Su cabello, antes tan negro como la noche, se volvió tan blanco como la muerte misma. Sus ojos, que alguna vez brillaron con vida, estaban vacíos... rotos. Su sonrisa se desvaneció, dejando solo un rastro de dolor y un cansancio que parecía eterno. ¡Subaru! ¿Quién te hizo esto? En mi ceguera quise encontrar un monstruo al que culpar, alguien a quien arrancarle la vida como castigo... pero solo hizo falta mirar el reflejo en un espejo. Ahí estaba la verdad, cruel e innegable: la verdugo que destruyó su luz... fui yo.Todos os Direitos Reservados
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