El juez Turpin sobrevivió.
La navaja de Sweeney Todd no logró matarlo, y ahora él planea su revancha con el temple de quien sabe esperar, de quien aprende de sus errores. Johanna. Anthony. Y Todd, sobre todo Todd. La venganza los alcanzará pero no con furia, con frialdad.
En medio de esa calma fingida, de esa tormenta contenida, aparece ella.
Helena no tiene relación con su pasado, ni con su herida. Y sin embargo, despierta en él algo más urgente que el odio: un deseo extraño, dominante, absoluto.
Hambre.
No sabe llamarlo amor, porque nunca lo ha sentido. No sabe contenerlo, porque nunca ha debido hacerlo. Sólo sabe que la quiere suya.
Helena lo intuye. Lo presiente. Lo teme. Pero también hay algo que la arrastra... sin permiso. Como una marea que no espera autorización para llevarla mar adentro.