– ¿Cuándo volverás? – preguntó Elizabeth. Era increíble, la noche había sido perfecta.
– Dentro de tres años – ella miró al suelo jugueteando con sus dedos, la voz de Sebastián sonaba triste.
Tres años, en tres años él podría hacer su vida, quizás no volvería, quizás tendría novia, hijos. ¿Quién sabe?
– Wow, genial – trató de sonar lo más feliz posible, acomodándose.
– Si… – se quedaron en silencio.
Sebastián se acercó a ella y la abrazo, se sentía mal, la acababa de conocer y el maldito viaje sería dentro de dos días, no la volvería a ver, no podría saber sobre su vida, no podría conocer a sus padres, no podría conocerla más, menos podría pedirle que fuera su novia. No podrían hacer todo lo que los adolescentes hacer cuando son novios.
Beso su cabello y se quedaron así, contemplando el cielo y el hermoso paisaje.