Lía Wang nunca fue una chica que soñara con lo imposible. A sus 20 años, prefería mantenerse con los pies firmemente plantados en la tierra, concentrada en sus estudios de diseño gráfico y en su pequeña rutina en Seúl, lejos del brillo artificial del entretenimiento coreano. Claro, conocía a Stray Kids. ¿Quién no los conocía? Pero para ella, Christopher Bang -el carismático líder del grupo- era solo una cara en una pantalla. Hasta que dejó de serlo.
Todo comenzó con una casualidad. Una cámara olvidada, una cita inesperada, y una conexión tan improbable como inevitable. Lía no lo sabía aún, pero su vida estaba a punto de enredarse con la de una estrella, en un mundo donde las luces ciegan más de lo que iluminan... y donde amar puede ser un acto de valentía.
Porque enamorarse de un ídolo no solo implica sentir mariposas en el estómago. Significa desafiar rumores, cruzar límites, y decidir si un amor silencioso merece hacerse escuchar.
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