Tenía nueve años cuando papá decidió que debía convertirme en algo útil.
No en una niña, no en una hermana, ni siquiera en una hija.
Sino en una cara bonita.
Un cuerpo que posar.
Una muñeca que sonriera cuando le dijeran.
Una modelo.
Desde entonces, aprendí que la belleza es una prisión con luces brillantes. Que detrás del maquillaje hay piel enrojecida, tras los vestidos caros hay cicatrices, y que posar para una cámara puede doler más que una bofetada si lo haces por miedo, no por elección.
Mi nombre es Clodagh Maeve Lynch. Tengo catorce años.
Y desde hace cinco, vivo entre sesiones de fotos, castings, catálogos navideños y ropa que a veces me queda demasiado ajustada para una niña.
Pero hace poco, todo empezó a cambiar.
Fue en Tommen cuando conocí a Finn Kavanagh.
Tenía dieciséis años, casi dos metros de ternura revuelta en risas fáciles, cabello rubio y unos ojos verdes que no sabían mirar con juicio, sino con curiosidad. Como si el mundo todavía pudiera ser bueno.
Y por alguna razón, me hablaba como si yo fuera alguien.
No la Clodagh del catálogo. No la chica de la cara bonita.
Sino yo.
Y eso me asustó más que cualquier golpe.
Porque si él lograba ver a la verdadera Clodagh...
¿podría también ver todo lo que intento esconder?
Y tal vez, solo tal vez...
también haya algo parecido al amor para una chica rota.
Esta no es una historia bonita.
Pero es mía.
Extrovertido. Correcto. Arrogante.
Esas son las palabras que pueden describir a la perfección a Mateo Lombardi.
El abogado más cotizado de Italia no tiene tiempo para distracciones. Mucho menos para dramas ajenos. Con una vida perfectamente estructurada y emociones cuidadosamente archivadas, Mateo no cree en el amor, la familia ni en nada que no se pueda controlar desde su teléfono o una sala de juicio.
O al menos, eso es lo que siempre creyó.
Hasta esa noche en donde el destino le arrojó a una pequeña y desamparada bebé. No habla. No lleva identificación. Nadie la reclama. Y, por alguna razón inexplicable, se aferra a él como si fuera lo más seguro del mundo.
De la noche a la mañana, Mateo se ve obligado a asumir un papel que nunca quiso.
Es así que, en medio de su desesperación, alguien más llega a su vida.
Scarlett Riva
Audaz. Inteligente. Imprudente.
Para Scarlett, ser niñera no es su trabajo ideal, y mucho menos trabajar para un hombre emocionalmente bloqueado tampoco es su sueño. Sin embargo, debido a situaciones desesperadas, termina compartiendo techo con Mateo, convirtiéndose en la única persona capaz de enfrentar al gran abogado Lombardi.
Ella cree en el caos.
Él, en el control.
Una historia sobre corazones rotos, heridas invisibles y la posibilidad de amar cuando ya no creías ser capaz de hacerlo.