En medio de una tormenta de nieve, Isabel huye de un marido devoto... y cruel. Sin rumbo, sin plan, sin salvación aparente, se interna en el bosque creyendo que está escapando del infierno. Lo que no imagina es que está a punto de entrar en un lugar aún más peligroso: una cabaña habitada por tres hermanos tan distintos como irresistibles.
Gerald, el mayor, guarda su moral como un escudo, y ama como si el mundo dependiera de ello.
Noam, el menor, habla poco, pero cuando lo hace, toca el alma.
Y Damon el rebelde, no le teme al deseo... ni a los pecados que la atormentan.
Isabel es católica, casta, y ha vivido bajo la idea de que el amor se sufre, se obedece, se sacrifica.
Pero en esa cabaña, aislada del mundo, sin reglas ni testigos, aprenderá que el amor también puede proteger, revelar... o arder.
Tres hombres. Tres formas de amar.
Y una sola mujer enfrentada a la pregunta más difícil:
¿A quién le entregás el alma, cuando por fin te animás a habitar tu cuerpo?
Byler | Apocalipsis Zombie
En el Hawkins de 1988, la piedad murió hace mucho tiempo. El mundo se divide en dos: el silencio de los bosques y el acero de la ciudad.
Will Byers es un fantasma. Criado en el aislamiento de La Colina, ha aprendido que sobrevivir significa ser invisible y no confiar en nadie que no comparta su sangre. Para él, la ciudad es una trampa mortal; pero cuando la vida de su familia depende de un suministro médico, Will se verá obligado a salir de las sombras y entrar en la boca del lobo.
Allí lo espera la Zona Norte, un lugar donde los sentimientos son una sentencia de muerte. Mike Wheeler es su mejor ejecutor. Frío, implacable y con el dedo siempre en el gatillo, Mike ha extirpado cualquier rastro de emoción de su vida. No busca redención, ni amigos, ni conexiones. Solo busca eficiencia. Para él, un extraño es un enemigo, y un enemigo es un objetivo.
Dos extraños. Un encuentro violento. Una chispa inesperada en un mundo de cenizas.
En un infierno donde los muertos caminan y los vivos han dejado de sentir, Will y Mike están a punto de descubrir que el peligro más grande no es el hambre de los caminantes, sino el impacto de volver a sentir algo en un corazón que juraron mantener congelado.