Mudarse a una nueva ciudad debía ser un nuevo comienzo para Patricio: nuevo trabajo, nueva casa, nueva rutina. Todo habría sido perfecto... si no fuera por un pequeño problema. Cada mañana, la figura de cerámica de su pórtico desaparece y aparece mágicamente en lo que Patricio denomina como: Pórtico enemigo. Su vecino, tan silencioso como irritante, se convierte en el objetivo de su desquite y parece disfrutar de esa pequeña guerra absurda que ninguno estaba dispuesto a perder. Hay cosas que simplemente NO SE TOCAN. Y sin embargo ellos dos cruzaron los límites entrando en propiedad privada al "Pórtico enemigo"
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