En el escenario son rivales, pero en la soledad de sus teléfonos son dos desconocidos unidos por un error. Uno vive huyendo del ruido constante de su propia mente; el otro encuentra en ese caos la pieza que le faltaba a su música. Sin saber quién está al otro lado de la pantalla, sus mensajes se convierten en el único lugar donde no tienen que competir. Lo que comenzó como un mensaje equivocado termina siendo el puente para que el ruido de uno se convierta en la calma absoluta del otro
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