Una historia de cuerpo, silencio y nombre perdido.
Sarah lo tenía todo: un nombre, un hogar, un futuro. Pero el amor -o su ilusión- la llevó lejos del mármol pulido de Beverly Hills al polvo crudo de un gueto, donde su belleza dejó de ser un privilegio y se convirtió en moneda de cambio. Vendida por el hombre que prometió protegerla, Sarah cae en un mundo donde los nombres no importan. Solo la carne.
Rebautizada por otros como "puta", "depósito de semen", "inútil", Sarah deja de ser alguien para convertirse en algo: un cuerpo sin alma, propiedad sin voluntad, una sombra andante. Cada dueño más cruel que el anterior. Cada noche más lejos de sí misma.
Hasta que un cliente diferente aparece. Uno que no la toca. No la compra. Solo le pregunta: "¿Cómo te llamas?"
Y esa pregunta abre la herida.
Cordero de Sangre no es una historia de redención. Es una historia de identidad arrancada, de violencia normalizada, de una mujer utilizada como sacrificio para sostener los altares de poder que esta sociedad aún venera. Es un grito escrito con palabras que arden. Una crítica directa, feroz, a la romantización de la prostitución, al machismo estructural y a la industria que hace de los cuerpos un negocio.
Porque hasta el cordero más manso, si sobrevive al sacrificio, puede aprender a morder.
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