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Nora. Así es como se presentó la primera vez que apareció en los sueños de Percy, hace ya dos años. En aquellos momentos, ella llegaba moviéndose con la ligereza de una sombra sobre el césped húmedo, y su voz sonaba como el crujir suave de hojas secas bajo los pies.
Para Percy, al principio no fue nada raro. Había estado soñando con criaturas desde que era pequeño; los sueños siempre habían sido su puerta a mundos que nadie más podía ver. Pero todo cambió cuando empezó a divisarla en su día a día: en el pasillo de la academia, sentada en la misma banca que él en el parque, incluso reflejándose momentáneamente en el cristal de una ventana de la cafetería. Pronto, la idea se afianzó en su mente: debía ser otra de sus "alucinaciones" - una más en la larga lista de cosas extrañas que solo él parecía poder percibir.