Lleva sobre sus hombros el peso de un linaje casi extinto.
La raza dragón cayó hace eras, arrasada por el engaño de un dios farsante.
Su padre, el primer Dios Dragón, cayó. Su madre, Lunaria, asesinada.
Y a él... lo maldijeron con el miedo, lo arrojaron al futuro siendo solo un niño,
para convertirse en el último vestigio de una civilización olvidada.
Su nombre es temido, su presencia silencia naciones.
Es el Dios Dragón, Orsted. El cazador eterno de Hitogami.
Una deidad fría, sin descanso ni consuelo.
Un alma solitaria que jamás conoció el amor.
Hasta que ella apareció.
Aria no debería importar.
Humana. Frágil. Tan efímera como todo lo que Orsted ha perdido.
Y, sin embargo, ella lo ve.
Lo comprende. Lo toca... sin miedo.
Su sola existencia rompe la maldición que lo condena a la soledad.
Su sonrisa lo hiere más que cualquier arma.
Y su cercanía despierta algo que creía enterrado entre las ruinas de su raza.
Pero el destino no perdona.
Hitogami aún acecha desde las sombras.
La guerra aún no ha comenzado.
Y lo que Orsted y Aria sienten...
podría ser la chispa que encienda un nuevo cataclismo,
o el único puente que salve al mundo de su final.
Porque incluso los dioses más temidos
pueden arrodillarse ante el amor.
Y Orsted está a punto de descubrirlo.
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