Gracias, California, por darme el honor de encontrarte justo cuando más lo anhelaba, quizá en el instante preciso, aun entre obstáculos que parecían indebidos.
Mi querida California, llevo de ti recuerdos dulces y amargos. El haberte entregado una parte de mi vida dejó en mí una huella eterna, un vacío que clama por repetirse cada noche y cada día, desde aquel instante infeliz... desde el mismo momento en que huiste de mí.
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