Anakin Skywalker siempre fue caos y pasión: una tormenta imparable, poderosa e impulsiva. Un sol capaz de salvar como de destruir. Una dualidad inestable, temida por todos, incluso por él mismo. Sin embargo, tendrá que aprender a ver a través de los ojos de su propia sombra, dejar de luchar contra su mundo interno, enfrentar sus emociones y romper con todo aquello que alguna vez lo ató, si no quiere que posibles malas decisiones terminen por destruir todo lo que alguna vez amó y protegió.
Pero pronto descubrirá que las traiciones y los enemigos no siempre acechan en el exterior; a veces se esconden entre los aliados, en la aparente seguridad del hogar y en ideales que, en un inicio, representaron bondad, paz y compasión. Porque el miedo -y ese deseo de controlar aquello que nunca se comprendió como se debía- puede despertar los instintos, intereses y deseos más oscuros. Y, a través de un ego ciego, se intenta, muchas veces por los métodos más extremos, extinguir todo lo que ponga en riesgo esa visión idealizada.
Los que pensaron que podían ahogar su fuego interno terminaron por sembrar la semilla del caos que tanto se temió despertar. Y aquel que deseó manipularlo y corromperlo acabó por perder el dominio que ilusamente creyó haber creado sobre él.
Todos, sin excepción, quisieron probar el elixir del equilibrio, moldearlo a su forma e imponer su visión; pero nunca se detuvieron a pensar que el equilibrio es rebelde y que sigue sus propias reglas.
Y pensar que todo comenzó por una grieta con ojos azul acero y mirada sosegada... esa que lo llevará a tomar la decisión de dejar de ocultar la tormenta que siempre vivió en su interior.
Y es justo en ese abismo, donde la luz y la sombra se confunden, que Anakin deberá decidir si su destino será el de una leyenda trágica o el del equilibrio que nunca nadie se atrevió a imaginar.
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