- Necesito que me digas cómo fuiste capaz de abandonar a una niña de dos años con una familia en Japón
- ¿Cómo sabes de la niña?
- ¿Umi Tanaka...? ¿o acaso debo llamarla tu pequeño trozo de mar en la tierra para que la recuerdes?
- ¿Tu eres mi pequeña?
- Dime la verdad, ¿por qué la abandonaste?
- No sé de qué me estás hablando -retrocede llevando sus manos a su cabeza sintiendo por primera vez nerviosismo por ser descubierto.
- Mitzuki... aléjate de él, no es buena persona
- Suéltame -advierte con una mirada al hombre y él aleja su mano confundido.
- No te acerques -pide dejando una distancia mayor entre ambos.
- ¡No! Ya fue mucho, si tú no me dices la verdad quiero mínimo que me pidas perdón, merezco algo más que una deuda de miles de wones a nombre tuyo
- ¿Si puedes mirar?
- Te importa más eso que yo te haya encontrado -toma el palillo del cabello de la abuela caminando hacia su padre con una idea en su cabeza.
- Pues... bien te respeto pero perdóname yo... yo tenía deudas y necesitaba pagarlas debía... ja, yo tenía que pagar el tratamiento de mi
- Tu otra mujer dilo, ten los pantalones de decirme a la cara que le fuiste infiel a mi madre con una mujer que se paseaba frente a ti como una maldita...
Hwang se acerca a su hija y la abofetea por ofender lo que considera la memoria de una mujer tan blanca y pura como una paloma de paz.
- ¡Ella era una santa!
- ¿Santa!? ¿Acaso investigaste sus antecedentes? Esa perra fue una golfa, suerte tienes de no tener sida por haberte revolcado con ella
Todos los derechos reservados