No siempre es fácil explicar cómo dos caminos terminan cruzándose. A veces todo ocurre de manera tan sencilla, tan inesperada, que parece que el destino lo había planeado en silencio.
Para Sienna, llegar a este proyecto significaba un reto, una oportunidad de crecer, de mostrarse al mundo. Para Malachi, era un nuevo capítulo en una historia que ya conocía, pero que ahora lo obligaba a mirar con otros ojos. Ninguno imaginó que entre ensayos, risas a destiempo y secretos compartidos fuera de cámara, encontrarían algo que cambiaría la manera en que veían todo.
Lo suyo no comenzó con una gran confesión ni con un instante perfecto de película. Comenzó en los detalles: en las bromas que parecían no tener importancia, en la forma en que se buscaban sin notarlo, en la comodidad de estar juntos incluso en el silencio.
A veces, el verano no empieza con risas ni promesas, sino con silencios incómodos, miradas que duran un segundo de más y emociones que nadie sabe nombrar.
Will creía conocer el miedo. Boris creía haber aprendido a esconderlo.
Cuando sus caminos se cruzan, lo que comienza como bromas, cercanía y una complicidad inesperada se transforma lentamente en algo más profundo... y más peligroso. Porque querer a alguien también significa enfrentarse a lo que duele, a lo que se calla y a lo que otros prefieren juzgar.
Entre centros comerciales, sótanos llenos de recuerdos, peleas que dejan cicatrices y noches que cambian todo, este verano pondrá a prueba lealtades, amistades y corazones que aún no saben cómo amar sin romperse.
Algunas historias no nacen para ser fáciles.
Nacen para sentirse.