Antes de ser parte de los clanes, antes de que las estrellas marcaran su destino, existía un lugar donde el frío nunca se iba y el viento cortaba como cuchillas de hielo. Allí, entre los restos de un poblado humano olvidado por el tiempo, vivían dos gatos solitarios: un anciano curtido por las batallas del mundo y un joven lleno de preguntas y fuego en el corazón.
Tyler, un viejo guerrero sin clan ni causa, había dejado atrás una vida llena de pérdidas. Su pelaje gris y sus cicatrices contaban historias que él ya no deseaba repetir. Sin embargo, cuando una gata moribunda le rogó que cuidara a su único hijo, Tyler hizo un juramento. Aquel cachorro naranja, al que la madre había alcanzado a llamar Queso, se convirtió en su nueva razón para seguir.
En ese poblado cubierto de nieve, entre ruinas y silencio, Tyler crió a Queso como a un hijo. Lo protegió del hambre, del frío y de los horrores que acechaban en la oscuridad. Queso creció curioso, valiente, a veces impulsivo, pero siempre con un brillo en los ojos: el brillo de un destino que aún no comprendía.
Pero el mundo no se detiene. Las máquinas de los dos patas llegaron, rugiendo, destruyendo lo poco que quedaba. El hogar de Queso y Tyler estaba a punto de desaparecer. Lo que comenzó como una lucha por sobrevivir pronto se convertiría en un viaje que los llevaría a través de bosques desconocidos, peligros inimaginables y, finalmente, hasta los territorios de los clanes.
Este es el inicio de una historia de orígenes, de lazos forjados en la nieve, de decisiones difíciles y de un legado que apenas comienza a escribirse en las estrellas.
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