Cartas constituye un ejercicio literario íntimo que se sitúa entre la confesión autobiográfica y la exploración filosófica del amor, el dolor y la identidad. A través de una serie de misivas dirigidas a figuras femeninas específicas, se configura un paisaje afectivo marcado por la ansiedad, el deseo, la pérdida y el conflicto entre la idealización del otro y la autocomprensión.
Desde una perspectiva estilística, el texto destaca por su tono directo y confesional, que no rehúye la crudeza ni el malestar. Esta franqueza le otorga autenticidad emocional, despojando al amor de su habitual retórica idealizante para abordar, en cambio, sus dimensiones sombrías: la dependencia, la repulsión, el desdoblamiento de la memoria y el agotamiento afectivo.
El vínculo entre erotismo y vacío, así como la imposibilidad de reconciliar deseo y consuelo, revelan una sensibilidad trastocada por el conflicto interno. El amor, en lugar de sanar, enferma; y es esta enfermedad la que estructura la mirada retrospectiva del yo narrador.
La experiencia del rechazo, la espera interminable y la necesidad de reconocimiento dejan al descubierto una subjetividad desgarrada que busca consuelo en medio del abandono emocional. La figura del "otro" -particularmente, la mujer amada- se configura como fuente de perturbación y salvación simultáneamente, revelando una oscilación permanente entre la esperanza y el colapso.