Amarlo me costó todo, hasta el amor por mí misma. Durante años creí que el amor era aguantar, callar, perdonar, me perdí en una relación que se apagaba de a poco, y lo peor es que pensé que era normal.
Hasta que dolió más quedarme que irme, hasta que me vi rota, vacía... pero con un hilo de fuerza que me pedía gritar "¡Ya basta!"
Me fui, rota, sí, asustada, también, pero lista para empezar a volver a mí.
No fue fácil, lloré por quien me hizo daño, dudé de quien quiso sanar conmigo, pero aprendí.
Aprendí que amar no es aguantar, que el amor no duele cuando es de verdad.
Entonces... apareció él, no para salvarme, sino para acompañarme, porque antes de amar a alguien más, tuve que aprender a amarme a mí.