
Él no solía sentir tanto. Medía sus emociones como quien firma contratos: con precisión, sin vacíos. Pero con ella... todo se desbordó. No lo dijo en voz alta, nunca supo cómo. Lo suyo no era la ternura ni la transparencia, era el deseo contenido, el orgullo maltratado... El miedo a necesitar lo que no podía tener. Y sin embargo, la miraba cada noche en silencio. Como si su vida dependiera de eso. Porque había algo en ella que lo desarmaba. Algo que no entendía. Algo que, por más que intentó, no pudo controlar. Y ese fue su error más humano: Desearla... cuando ya era demasiado tarde.Seluruh Hak Cipta Dilindungi Undang-Undang