Algo que todos podemos saber a la perfección es que, los ángeles y los demonios nunca pero que nunca se han llevado bien, y eso es algo que no va a cambiar, ¿verdad?
En aquel reino llamado El Cielo está Angeline Skye Everdawn, una ángel solitaria, de carácter fuerte y que puede llegar a ser amable y muy dulce con personas de confianza -solamente es así con su hermana mayor-. Adora los paseos largos entre las nubes, dormir durante horas y estar completamente sola.
Las multitudes la agobian, y en cuanto debe bajar al mundo humano por un objetivo junto a dos ángeles más, entra en pánico.
En aquel reino llamado El Infierno está Trish Morrigan, una demonio reservada, fría, y hasta agresiva si pierde la paciencia -cosa que sucede bastante rápido-, quien está cansada de su hogar a pesar de su importante puesto como la ayudante de su hermano.
Odia a las personas en general, y en cuanto debe ir al mundo humano con un objetivo propuesto por su madre junto al mismísimo Alan Lucifer Morrigan, la idea le parece desagradable y completamente absurda.
En el momento en el que ambas se encuentran en un mundo totalmente nuevo para ellas, Skye tiene clara una cosa: la odia, es tan borde, tan seria, tan... atractiva. Mientras que Trish al principio siente algo distinto: deseo, es tan guapa, tan inocente, tan... sexy.
Y a pesar de que poco a poco el sentimiento de odio empieza a ser mutuo en cuanto varios secretos salen a la luz, ¿qué pasa cuando ese odio incontrolable se vuelve deseo puro? ¿Qué pasa cuando las dos tienen que luchar contra sus instintos y sus sentimientos recién descubiertos ya que no está nada bien sentir esas cosas?
Pero, sobre todo, ¿qué pasaría si se rompe esa famosa tradición, sin ninguna forma posible de arreglarse?
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