El amor que ella sentía por el era inmenso; nada se le podría comparar.
Pero como todo, tuvo un final, y a pesar de no ser el que anhelaban, fue el que ambos necesitaban para poder llegar a la mejor versión de sí mismos.
Aun lejos, tenían la esperanza de una vida juntos; y si en esta el destino se los impidió, estaban seguros de que en otra y en mil más sus almas se encontrarían, y una y otra vez lo intentarían hasta que por fin la vida diga que ambos están listos para vivir su amor. No como la luna y el sol, no como una estrella fugaz, sino como lo que está destinado a ser... Eterno.
Amor mío, te esperaré en la siguiente. En esta no nos queda más que una herida que hay que cerrar, y la única manera que he encontrado es derramando mis lágrimas en el papel, creando versos que solo el que ha amado con el alma y tenido que soltarla, sin morir, entenderá.
Posdata:
No soy poeta, solo estoy rota.
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