Hogwarts, año tras año, reunía a lo mejor -y a veces lo peor- del mundo mágico. En sus pasillos encantados, los apellidos antiguos aún pesaban, las casas competían con orgullo, y las rivalidades ardían como fuego bajo hielo.
Peter Pevensie, de linaje sangre pura y corazón valiente, era el orgullo de Gryffindor. Siempre correcto, siempre firme. No buscaba ser el centro de atención, pero de alguna forma, siempre terminaba allí.
Elody Wayland, también sangre pura, destacaba en Slytherin por su inteligencia afilada y su presencia imponente. Era elegante y letal, como una serpiente bien entrenada. Nadie se atrevía a subestimarla... salvo Peter.
Desde su primer año, no podían estar juntos sin discutir. Y sin embargo, tampoco podían ignorarse. Él provocaba con sonrisas irritantes. Ella respondía con comentarios punzantes. Lo que ninguno admitía, ni siquiera ante sí mismo, era que bajo todo ese desdén... algo mucho más peligroso empezaba a crecer.
Un lazo forjado en el orgullo.
Un sentimiento oculto tras la rivalidad.
Un fuego que ni siquiera la magia podía apagar.
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