Hay historias de amor que nacen bajo la luna.
Esta nació entre dimensiones rotas y sueños mal sellados.
Okarun, atrapado entre lo humano y lo imposible, es un muchacho que nunca pidió amar tanto. En su mirada se esconde el asombro del niño que aún cree en los milagros... y la pena del hombre que ya ha visto demasiadas despedidas.
Momo, con sus puños de fuego y corazón hecho de cicatrices, no sabe hablar de amor, pero lo demuestra con cada paso que da a su lado. Dura como el acero, pero temblando en las noches más calladas.
Aira, tan radiante como tempestuosa, es el caos disfrazado de orgullo. Ama como quien arde, como quien grita sin sonido. Tiene miedo de perder... y por eso hiere.
Y Vamola, dulce anomalía de otro mundo, ama sin entender los límites humanos. En su abrazo hay estrellas, en su voz hay paz. Y en su ternura, una tristeza que no pertenece a este planeta.
Los cuatro se buscan, se hieren, se salvan...
hasta que él aparece.
El que no debería estar.
El que nació del error de mirar demasiado profundo al abismo.
> Su nombre está sellado en lenguas que el alma no puede pronunciar.
Camina entre ellos como sombra en atardecer rosa.
Su amor no es odio, pero duele.
No llegó por voluntad... sino por destino escrito antes del tiempo.
Sus ojos son un espejo que muestra lo que los demás se niegan a ver.
Y aún así, uno de ellos lo ama... aunque no debería.
No es un villano.
No es un salvador.
Es la presencia inevitable que hará que el amor de cuatro se tambalee, que el deseo se confunda con el miedo, y que la elección ya no sea elección... sino un sacrificio.
Porque en esta historia, el amor no es una línea recta.
Es un círculo que se cierra con sangre, con besos... y con secretos.
:)
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