Benjamín tiene una vida normal para los jóvenes de su edad, va a la universidad, estudia lengua española. Recientemente se independizo y vive en un pequeño apartamento en el centro de la ciudad. Su vida se basa en estudiar, combatir el insomnio, escuchar música en su tocadiscos personal y apreciar la luna, aquella compañera que siempre lo acogía cuando necesitaba la respuesta a muchas preguntas inciertas.
Damian era aquel chico que parecía un fantasma, siempre mezclándose entre la multitud, escondido en la intimidad de las sombras, a pesar de portar una actitud luminosa, calmada y simpática.
Gracias a situaciones en común y una amistad cada vez más grande, Benjamín se debate entre si debería confesar su amor por Damian o esconderlo, como habitualmente lo ha echo durante varios años.