El marcador ya no se puede cambiar, pero lo que sucede cuando se apagan las luces del estadio sí. Lejos de las cámaras y de la cancha, dos mundos que parecían separados por el resultado se cruzan en una charla inesperada. No todo lo que brilla es victoria, ni todo lo que parece rivalidad lo es realmente: a veces, la verdad solo sale cuando nadie está mirando.
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