Su relación era una tormenta de odio y deseo, una batalla donde el fuego y el hielo se encontraban en cada roce.
Esa capa de odio era su excusa perfecta para cubrir lo enamorados que estaban. Se negaban a sentir. Se negaban a decirlo. Uno solo quería que el otro admitiera lo que sentía, mientras que el otro buscaba entender por qué, de cierta manera, se sentía irremediablemente atraído hacia su contrario.
Entre el odio y el amor existe una barrera, y si la cruzas sin ser del todo consciente, das inicio a algo irreversible. Cuando esa línea se rompe, ya no hay vuelta atrás: se convierte en un juego peligroso donde cada palabra es un reto y cada beso, una declaración de guerra y en ese campo de batalla, el ganador siempre termina siendo prisionero del otro.
• Los personajes no me pertenecen son propiedad de Kafka Asagiri, con ilustraciones de Sango Harukawa.
• Historia completamente mía, no al plagio usa tu imaginación.
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