Misty y Yuishiro Tokito se conocieron casi por casualidad, en uno de esos encuentros que parecen simples al principio, pero que terminan marcando la vida entera. Al inicio solo eran conocidos, intercambiando palabras cortas y miradas tímidas. Poco a poco, sin que ninguno lo notara, comenzaron a pasar más tiempo juntos: entrenamientos compartidos, charlas nocturnas y risas que iban derribando cualquier muro entre ellos.
Con el tiempo, Yui empezó a sentir algo más fuerte. Misty le resultaba especial... no solo por su carácter, sino por la forma en que lograba calmarlo y retarlo a la vez. Y así, cuando la amistad ya se había convertido en algo más profundo, Yui reunió el valor para confesar sus sentimientos. Eligió el jardín de su finca para hacerlo, un lugar que decoró con flores azules y luces colgantes que iluminaban suavemente la noche. En el centro, una pequeña mesa baja con cojines como asientos, esperando ser testigo de ese momento único.
Con el corazón latiendo rápido, Yui le dijo lo que sentía... y Misty aceptó. Desde entonces, se volvieron novios, iniciando una nueva etapa juntos. Pero antes de que todo fluyera, Yui tuvo que ganarse la aprobación de las personas más cercanas a Misty: sus hermanos, sus mejores amigos, sus hermanos mayores y, por supuesto, Giyuu. Por el lado de Yui, Misty ya tenía la ventaja de contar con la aceptación de Mui, pues él y Misty ya eran grandes amigos desde antes.
Su relación atravesó distintas pruebas: desde el entrenamiento Hashira -pues la confesión había sido hacia el final del arco de los Herreros- hasta la batalla en el Castillo Infinito. Ninguno de los dos perdió la vida en aquel enfrentamiento; su destino estaba más adelante, viviendo plenamente hasta los 25 años. Entre combates, momentos de calma, y promesas bajo las estrellas, su historia se tejió con la fuerza de un vínculo que ni la guerra pudo romper.
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