
Entre el humo y el alcohol, en un bosque al anochecer, las estrellas resplandecían, y la luna todo lo podía ver. Uno fumaba en silencio, con pensamientos en espiral, el otro reía libre, como un viento sin final. Mientras el vino se acababa, y la noche se hacía canción, ellos se encontraban, se conocían, sin condición. Dos almas que se buscaban, bajo ese manto estelar, y sus corazones, sin miedo, comenzaron a unirse al azar.All Rights Reserved