No sé si escribirte es aferrarme a ti o dejarte ir.
Han pasado años y, aún así, tu sombra sigue en mi cama, en mi ropa, en la forma en que miro a otras y busco tu risa en ellas.
Me pregunto si tú también me piensas o si lograste enterrar mi nombre donde nadie pueda hallarlo.
Te fuiste, no porque quisieras, sino porque el mundo decidió que sea así
Y yo... yo sigo aquí, escribiendo cartas de anhelo que nunca llegarán, pero que son lo único que me mantiene de pie.
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