Normandía, 1956.
Al pie de una trinchera olvidada, un historiador encuentra una caja oxidada. Dentro: dos diarios, un anillo hecho de metralla, y una carta nunca entregada.
Lo que sigue no es solo un testimonio de guerra, sino una historia oculta entre líneas: la de Thomas Doyle, sargento de infantería, y Elias Frankel, un joven soldado judío. Unidos por miradas furtivas, gestos contenidísimos y un lazo que desafiaba la moral de su época, sus voces resurgen en páginas silenciosas que cruzan el miedo, la batalla y el deseo de amar sin ser vistos.
Esta es una historia sobre lo que no se dijo.
Sobre lo que sobrevivió donde el mundo no pudo.
Kas Morningstar
Han pasado muchos años desde que todo terminó.
Desde que Hawkins dejó de hablar del Upside Down.
Desde que el mundo decidió creer que Once desapareció como una más de las tantas tragedias que nunca se explican del todo.
Mike Wheeler aprendió a vivir con eso.
Con los silencios.
Con los recuerdos que nadie más nombra.
Con una historia que arde en su pecho y que nunca supo si fue real... o solo la forma que tuvo su corazón de sobrevivir.
Esa noche, sentado al borde de la cama, le cuenta todo a su hija; Jane.
Le habla de una chica con poderes, de un pueblo roto, de un amor que nació en medio del caos.
Le habla de pérdidas, de promesas, y de un abismo que separa a los extraños... hasta que dejan de serlo.
Jane lo escucha con los ojos muy abiertos.
Y cuando él termina, le hace una sola pregunta:
-¿Y ella... volvió?
Mike sonríe. No responde.
Porque algunas historias no necesitan un final.
Y porque tal vez -solo tal vez- Once nunca se fue.