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¿Hasta dónde puede llegar la obsesión de un alfa por otro? En el mundo de alta competencia de Blue Lock, donde solo los mejores sobreviven, Reo Mikage siempre ha tenido claro una cosa: Nagi Seishiro es su tesoro. Su genio solitario, su obra maestra. Pero para Reo, la simple posesión en el campo de fútbol ya no es suficiente. Quiere más. Lo quiere todo.
Nagi, un alfa perezoso y de pocas palabras, se deja llevar por la corriente de la intensa devoción de Reo. Es más fácil ceder que protestar, y el placer que Reo le proporciona es tan brutal y adictivo como sus posesiones. Una marca aquí, un moretón allá... poco a poco, Reo va dibujando las fronteras de su territorio directamente sobre el cuerpo y el alma de Nagi.
Pero toda jaula, por dorada que sea, termina por ahogar. La obsesión de Reo se vuelve asfixiante, un amor que no conoce límites y que se confunde con la posesión más pura. Confundido y sintiendo que se ahoga en una relación que lo consume, Nagi hace lo impensable: escapa.
¿Podrá Reo recuperar a su tesoro perdido? ¿O su obsesión terminará por destruir lo único que más desea? Y Nagi, atrapado entre el dolor y un placer que extraña, ¿realmente quiere ser libre?
Una historia Alfa x Alfa llena de pasión tóxica, posesión enfermiza, gritos ahogados y marcas que van más allá de la piel. ¿Quién cazará a quién al final?
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El cirujano congénito, Cong Rong, atravesó un portal hacia un continente extraño y salvaje, convirtiéndose en un... esclavo. Además, se encontró inesperadamente vinculado a un sistema de pago de deudas, con una deuda inicial tan alta que asustaba. Si no cumplía con las tareas, tendría que someterse a terapia eléctrica.
Este continente extraño era vasto y escaso en habitantes, con jabalíes más grandes que los elefantes africanos y gallos salvajes que eran tan peligrosos que podían matar a una persona. No había baños, ni campos de cultivo, las ropas eran de pieles de animales, y las casas eran cavernas. Los habitantes eran primitivos, rudos, no les gustaba bañarse, y todos estaban interesados en su trasero.
Cong Rong: ...¡No se acerquen!