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Dicen que dos personas rotas pueden entenderse y, con el tiempo, llegar a amarse. Pero mi dolor... mi dolor no es como el de él. No, el mío es peor. Mi corazón ya no late, ya no siente, ya no vive. Solo está lleno de cicatrices, a punto de convertirse en cenizas. Pero, ¿a quién le importa, no?
Pues a él.
Al tonto erizo negro que carga con una pérdida. Patético... patético es comparar nuestros pasados. Pero lo más patético de todo es que, al final, ese erizo logró hacerme sentir... viva, feliz, y lo más importante: querida. Amada.
Dios, no sé cómo expresar con palabras lo que siento, pero ahora tengo un objetivo para seguir viviendo... y ese eres tú, Shadow the Hedgehog.
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