Entre sombras y susurros se levanta la voz de un hombre que nunca aprendió a vivir en la luz. Un asesino, sí, pero no uno común: el suyo no es un oficio, es un arte. Cada acto sangriento es un poema escrito en carne, cada vida arrancada, un verso oscuro en el diario secreto de su existencia.
Él camina en los márgenes de la sociedad, disfrazado de hombre, de ciudadano corriente, pero en sus entrañas habita una bestia insaciable. Su excusa es clara: solo mata a quienes lo merecen. A los que ensucian la tierra con sus abusos, a los que devoran la inocencia de otros. Y sin embargo, esa justificación no es más que un velo: tras cada ejecución late un deseo verdadero, un gozo perturbador por la sangre y la muerte.
Pero incluso en la vida más oscura hay grietas por donde se filtra la luz. En un parque, lejos de su zona de confort, él la ve: una mujer de piel pálida, de cabellos como abismos y una mirada capaz de desgarrarlo sin tocarlo. Ella no lo sabe, pero se convierte en su obsesión, en el espejismo de una vida distinta, en el único ser capaz de arrancar humanidad de sus huesos corroídos por la violencia.
Desde ese instante, la historia se desdobla en dos pulsos: la lucha interna de un depredador que se justifica con moralidad pero se alimenta de sangre, y el nacimiento de un deseo peligroso, tan humano como destructivo. Amar y matar se vuelven dos caras de la misma moneda, y cada capítulo es la confesión poética de un hombre condenado a ser su propio verdugo.
"Con tu sangre en mis manos" no es solo la historia de un asesino serial: es la confesión íntima de un hombre que escribe con la misma tinta que derrama, que encuentra belleza en la putrefacción, y que se enfrenta a la posibilidad más aterradora de todas... ¿qué pasará cuando el hambre y el amor se confundan en un mismo rostro?
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