Ari es brillante, pobre y está cansada de sobrevivir. Vive en un pueblo donde estudiar es un acto de resistencia y enamorarse, un lujo que no puede permitirse. Su vida transcurre entre simulacros, bibliotecas públicas y el miedo cotidiano a la violencia armada, hasta que lo ve: Elías, un chico alado que duerme bajo los puentes, huele a óxido y grasa, y parece no pertenecer a ningún lugar.
Elías es un mutante, un artista ambulante, un testigo incómodo del país que nadie quiere mirar. A veces vuela en el circo, a veces graba la guerra con una cámara prestada, a veces huye. Ari no sabe si amarlo es una forma de locura o de lucidez, pero pronto descubre que acercarse a él implica mucho más que un romance imposible: implica elegir entre el futuro que le prometieron y la verdad que nadie se atreve a contar.
Mi amigo el mutante cirquero es una historia de amor torpe y feroz, atravesada por la desigualdad, la violencia, la memoria y el deseo de escapar. Un relato donde lo fantástico no sirve para huir de la realidad, sino para mirarla de frente.
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