Hay cosas que no necesitan explicación para saberse verdaderas. Son tan evidentes como el color del cielo o la profundidad del mar. Tan indiscutibles como que el blanco es el opuesto del negro; uno lo es todo, el otro la ausencia... la nada. Como el bien y el mal.
Y aun así, a veces las penumbras no son tan crueles, ni la luz tan amable como parece. Son fuerzas destinadas a mantenerse separadas, dos extremos que no deberían tocarse jamás.
Pero incluso así... surge una pregunta inevitable... ¿Y si pudieran?
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