Si querés ver cómo dos solitarios se cruzan, se rozan y se queman en el intento... quédate. Tal vez entiendas algo de lo que significa perderse y encontrarse al mismo tiempo, o tal vez no. Pero esto es lo que hay. Este es mi mundo. Y Guido, de alguna manera, se volvió parte de él. No hay finales felices, al menos no por ahora; solo existe el roce de su mirada contra la mía, la electricidad que sube por los cuerpos y el vértigo de saber que cualquiera de los dos puede irse en cualquier momento. No esperes encontrar un cuento romántico. Esto no es un juego seguro, ni un refugio tibio. Esto es peligro, deseo, soledad compartida y fuego que se enciende y se apaga sin aviso. Y sin embargo... estoy dispuesta a jugar. Porque él vale la pena. Aunque duela. Aunque rompa todo. Aunque, quizás, nos consuma a los dos.
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