Hay historias que empiezan con una elección. Y hay otras... que empiezan con un error. Bulma siempre creyó que sabía distinguir la diferencia. Creyó que una sonrisa significaba algo. Que la cercanía era suficiente. Que el tiempo compartido... construía algo más. Se aferró a eso. A pequeños gestos. A momentos simples. A silencios que ella misma llenaba con significado. Y poco a poco... construyó una historia en su cabeza. Una en la que todo tenía sentido. En la que él la miraba de una forma distinta. En la que solo necesitaba tiempo. En la que, inevitablemente... iba a elegirla. Pero hay algo que nadie te dice. Que no todas las historias son compartidas. Que a veces... solo existen en un lado. Mientras Goku vivía su vida con naturalidad, sin darse cuenta de nada, alguien más estaba por entrar en escena. Alguien que no creía en ilusiones. Alguien que no confundía gestos con promesas. Alguien que no pedía permiso para romper lo que ya estaba construido. Vegeta no llegó para encajar. Llegó para alterar. Y cuando alguien así aparece... las cosas no cambian poco a poco. Se rompen.
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