



















Patricio no entiende bien qué es lo que lo atrae de ella. Pero si algo sabe, es que la destrucción viene en envase desconocido. Ginebra no se vende como un misterio, pero igual nadie logra descifrarla. Tiene esa forma de mirar que incomoda, de hablar como si no le importara nada y de irse justo cuando él empieza a creer que la entiende. Él cree tener el control, hasta que la conoce. Ella no promete nada, pero sus intenciones vienen implícitas. Esta es la historia de dos personas que se cruzan en el punto justo donde nada debería pasar, pero pasa igual. Lo obvio es que él se pierde entre tinta en la piel, y ella en unos ojos que la miran como si no existiera nada más alrededor. Y eso, para alguien como ella, se convierte en desafío.
Más detalles