



















Hay cosas que el sistema no contempla. No contempla que el presidente más joven de la historia de Corea del Sur pueda enamorarse del doncel que limpia sus pasillos. No contempla que alguien sin linaje, sin apellido reconocido, sin nada de lo que el mundo considera suficiente, pueda ser exactamente lo que una persona con todo necesita. Jeon Jungkook lo tenía todo. El cargo. El poder. La responsabilidad de un país entero sobre los hombros. Lo que no tenía era a alguien que lo viera de verdad, detrás del presidente, detrás del protocolo, detrás de los cuatro años de aprender a ser funcional antes que persona. Kim Taehyung no tenía casi nada. Solo el cuaderno de bocetos, las cartas a su madre, la costumbre de dibujar los pasillos que limpiaba porque quería saber qué estaba cuidando. Y la manera específica de mirar el mundo que hace que las personas que lo rodean sientan que finalmente alguien los ve completos. Esto es lo que ocurre cuando dos personas se encuentran en los espacios que el sistema no contempla. Y deciden quedarse.
More details